NUESTRAS CASAS, EL BOSQUE Y EL PLANETA

El efecto que tiene nuestra casa sobre los demás
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No hace falta ir hasta el Amazonas para ver cuál es el estado del Planeta, mucho más cerca, sin irnos tan lejos también podemos ver síntomas de cómo se encuentra: las sequías que llevamos años sufriendo en España, ríos y arroyos que empiezan a secarse cuando nunca lo habían hecho anteriormente; hábitats desertizados; para luego ver cómo llegan temporales que provocan inundaciones desproporcionadas. Por otro lado, viajando por la península cada vez nos resulta más difícil encontrar bosques, o si miramos nuestros cuerpos veremos la enorme cantidad de productos químicos que llevamos en nuestras células. Y así podríamos seguir poniendo ejemplos.

Sabemos que el transporte influye en estos cambios, también la forma de alimentarnos, el usar productos animales, etc., pero la mayoría no sabe hasta qué punto el cómo sea nuestra casa está haciendo que el planeta y todos sus habitantes estén sufriendo estos desequilibrios.

Si nos paramos a pensarlo, podremos ver que todos y cada uno de nosotros somos responsables de esta sequía, de las inundaciones, de la falta de árboles y del aire contaminado. Y cada uno de nosotros puede hacer mucho para cambiar ese camino de destrucción.

La construcción consume el 50% de los recursos del planeta.

Aunque aquí entran también otro tipo de construcciones (centros comerciales, carreteras, infraestructuras, oficinas…) ahora nos vamos a centrar en nuestras casas, por el enorme peso que tienen. Incluso construyéndolas con balas de paja, podemos estar dañando, y mucho, a los demás. Seguramente nunca habíamos mirado nuestras casas como una amenaza para los demás, pero al construirlas podemos estar dañando a otras personas, otros animales, a las plantas…, incluso aunque las hagamos de paja, porque hay muchos más aspectos a tener en cuenta.

 

Al medir el impacto medioambiental de una construcción empezamos por el diseño del edificio.
Lo primero es el tamaño, esto es fundamental. Así como en ecología lo primero es reducir, aquí también se trata de reducir, en este caso, el tamaño de la vivienda. No se puede decir que una vivienda de gran tamaño aún siendo de paja tenga un impacto medioambiental reducido. Podemos revisar nuestro concepto de tamaño necesario. Una vez que hemos reducido al máximo, podremos pasar a estudiar los demás aspectos.

Seguimos con el impacto en el proceso de construcción, luego pasamos al periodo de vida útil de la vivienda, y por último, a la fase de eliminación.

Proceso de construcción.
Por supuesto aquí la paja hace que el impacto sea muy bajo, es una de las mayores ventajas de este material según mi opinión. Pero hay más.
Por un lado está el resto de materiales elegidos para la construcción, sobre todo en el caso de construcciones de tamaño medio-grande. Aunque los muros sean de paja, si luego usamos un impermeabilizante, unos acabados, o un suelo derivados del petróleo, el Planeta no gana mucho.
Y por otro lado, y creo que aún más importante, está el diseño de la vivienda.
Aquí es donde podemos hacer que nuestra casa sea un foco de emisiones contaminantes durante su periodo de vida, o solo emita lo mínimo necesario.

Un buen diseño hará que el consumo de energía baje, y que la emisión de CO2 sea la mínima (luego volveremos al tema del diseño).

Periodo de vida útil.
Durante este periodo es cuando más contamina una casa.

Los edificios son responsables del 50% de las emisiones de gases que provocan el calentamiento del planeta.

Cuando se habla de emisión de gases pocos plantean el tema de la influencia de la construcción, pero está en nuestra mano el cambiar esto. Como se está reconociendo desde hace tiempo:

La clave está en el estilo de vida.
Los habitantes de la India emiten 0,23T de CO2 per cápita, mientras que los habitantes de países como EEUU emiten 5,85T.

Podemos elegir hasta dónde queremos contaminar, primero a la hora de diseñar nuestra casa y posteriormente con nuestros actos cotidianos. Un dato que dice mucho sobre esto: el 80% de los británicos dice tener conciencia medioambiental y sin embargo a la hora de comprar una vivienda o un electrodoméstico solo el 8% tiene en cuenta su eficacia energética.

Para que una casa emita el mínimo de CO2, hay que prestar atención a estos puntos.

  • El tamaño de nuevo vuelve a ser fundamental.
  • Alto aislamiento.
  • Captación solar.
  • Acumulación de la energía captada.

Estamos emitiendo gases contaminantes sobre todo al calentar nuestra casa (un 60%), iluminarla (25%) y con el resto de aparatos eléctricos.

  • Una casa del tamaño justo resulta mucho más fácil de calentar que una casa excesivamente grande. Lo mismo ocurre con la iluminación.
  • Si los muros son de paja conseguiremos parte del primer punto, las paredes estarán muy bien aisladas. Más importante es el tema de la cubierta, por este punto de la casa es por donde se escapará la mayor parte del calor obtenido.
  • Captación solar. El sol es la mayor fuente de energía del planeta, y la única que podemos obtener de forma totalmente pasiva. Por ello es tan importante un buen diseño. Si no aprovechamos esta energía gratuita que nos ofrece el sol, necesitaremos recurrir a otros medios, siempre más dañinos, para obtener calor.
    Para que nuestra casa sea un lugar confortable necesitaremos calentarla en invierno y puede que refrescarla en verano. Si no usamos el calor del sol, ¿de dónde estamos sacando el combustible para esa calefacción? ¿requiere industrialización? ¿requiere transporte? ¿qué cantidad de CO2 estamos emitiendo con esa calefacción?
    Podemos hacernos todas estas preguntas y descubrir en qué punto estamos.
    Pero incluso la calefacción más sencilla y natural, que utilice como combustible leña caída del bosque (combustible prácticamente de desecho) que pueda haber alrededor de tu casa (sin transporte contaminante), a la hora de usarla, también emitirá CO2. Eso por no comentar cualquier otro sistema de calefacción que suelen ser infinitamente más contaminantes en todas sus fases.


Hogares menos dañinos para nosotros y el planeta


Cada hogar requiere 8.000m2 de bosque para transformar en oxígeno el CO2 emitido.

Creo que este dato es suficiente para plantearse la importancia de un diseño consciente.

En cuanto a la fase de eliminación, con la paja sabemos que no estamos dañando y de nuevo habrá que revisar el resto de materiales.

Os animo a investigar más sobre el tema del diseño consciente para ayudar al planeta en lugar de contribuir a su destrucción.